La Delio Valdez

Son quince artistas en cooperativa que este año soplan 10 velitas y están en su mejor momento. Producen sus propios shows, discos y fiestas que ganan cada vez más adeptos. Entre la difusión de ritmos y la composición propia, sus ideas sobre la bailanta, los negocios y el machismo en la cumbia. POR EZEQUIEL SCHER

El cumbión: La Delio Valdez

Todo empezó cuando Colegiales era menos Palermo. Un amigo le pasó a otro unos temas de un señor llamado José Barrios, un colombiano con más de 700 canciones registradas y con el hit La piragua, según Gabriel García Márquez, el verso más lindo de la literatura colombiana. Barrios tenía la cadencia del baile cumbiero y unos vientos jaimiquinos. Cuado sonó Navidad Negra, Santiago Moldovan flasheó. Encajaba su clarinete. Diez años después, esa melodía sigue sonando en los recitales de la Delio Valdez.
La cabeza de un diablo con gesto de picante, las siglas DLV de un lado y del otro, unas quince camisas floreadas que se mueven como un metrónomo y el cumbión que explota. La Delio tiene ese sello: una música que atrapa al que pasa caminando despistado y le hace mover la cabeza y decir qué bueno está esto.

Y la siguiente pregunta: ¿Qué es?

La respuesta es universal: cumbia, acaso el ritmo más popular en toda Latinoamérica. El desafío es qué se puede hacer de particular con esa música que parece abarcar desde Marama hasta los grupos insomnes que giran en combi toda la noche para hacer sus shows.

Moldovan y Agustina Massara (saxo alto), dos de los integrantes de La Delio Valdez, aparecen 9.30 de la mañana -desmitificando la vida noctámbula de la cumbia- piden un café -y no un ron- y piensan cuál es el lugar de esta cooperativa musical que hace cumbia lejos de la bailanta. Responde Santiago.

¿Están en el medio de la cumbia villera y de lo que se llama cumbia cheta?

No sé si en el medio. La cumbia villera es una expresión valiosa, real, que tiene que ver con un momento histórico del país. La música que consideramos valiosa es la que habla de las cosas que le pasan a la gente. Te puede gustar más Yerba Brava o Pablo Lescano, pero es un género legítimo. Re argentino. Rombai o Marama me parecen productos del mercado. Son bandas armadas para meter un hit y hacer plata un verano. Cuando los escucho, en algo no les creo. Escucho a Yerba Brava y me llega al corazón. En ese sentido, estamos más cerca de la cumbia villera porque somos bastantes sinceros con lo que hacemos.

¿Cómo es el vínculo de ustedes con la bailanta?

Tuvimos, pero no mucho, apenas un par de fechas. Hemos ido al Tropi, en la zona norte del Conurbano. Más allá de la cumbia villera, en esa zona, hay mucho palo de cumbia colombiana. El lugar es una fiesta. Pero la lógica de ese mercado nos representó un límite para lo que queríamos. Nosotros no tenemos un optacad y seis músicos; somos quince en el escenario. No hacemos shows de 15 minutos; tocamos una hora y media. Y no seis por noche: uno. Tenemos que probar sonido en la medida de lo posible. La bailanta tiene lógicas de mercado que no están tan buenas.

¿Como cuáles?

Mucho empresario especulando y manejando las bandas. Mucho músico laburando precarizadamente. Tocan seis veces por noche y ganan 600 pesos por show. Es el músico obrero. El líder de la banda o el empresario se lleva más. Tampoco que quede que somos anti bailanta: somos anti modelo de mercado de bailanta.

Ustedes versionaron algunos temas de Gilda, ¿qué significa ella para la cumbia?

Es una mina que no conocía el ambiente y se metió en el centro de la movida de la bailanta. Una mina que componía sus temas. Revolucionó el mercado. En ese momento, el lugar para las mujeres tenía mucho más que ver con la cosificación y ella la rompió desde el arte.

¿Qué otras referencias ven en Argentina?

Se toca cumbia hace sesenta años. Tenemos mucha onda con un señor que se llama Coco Barcala, que es el fundador de la Charanga del Caribe. Fue productor y músico de Ricky Maravilla y de Gilda. Tiene 90 años, vive de noche y nos viene a hacer el aguante. También están los Wawanco. Hay más: Sombras, Amar azul. Y Los Palmeras, que son la Biblia de la Cumbia, aunque tengan algunas letras polémicas.

¿Por qué la popularidad de la cumbia?

Es un folklore colombiano muy especial. Vos no vas viajando por el mundo y escuchás en cada país versiones de chacarera. Cada país toma la cumbia y hace su versión. Está hasta en Europa y en Japón. El viaje que te comés tiene que ver con la esencia: música de esclavos que después de todo el día del laburo encontraban en bailar una manera de exorcizar toda la mierda.

Pero también hay en la cumbia todo un lugar de cosificación de la mujer.

Discutimos mucho porque nos invitaron a tocar a Pasión de Sábado y no fuimos. No fuimos por muchas cosas: atrás de ese programa está ese mercado del que venimos hablando. Porque la propuesta ahí es ir a hacer playback y es algo que no hacemos. Y también porque la cosificación es terrible: están mostrando culos todo el sábado. No nos sentimos representados en ese espacio.

La Delio en escena.
Foto: Nacho Yuchark

Hasta las manos

Cuando en 2001 Damas Gratis editó su disco en vivo Hasta las manos, la cumbia villera trepó tan alto que hasta en los boliches más tilingos de Punta del Este tuvieron que incluirla en sus playlists. Pablo Lescano rompió el cerco con Laura, una guía de cómo denigrar a una bailarina. En la misma década, montones de rockeros exitosos aprovecharon el auge de su actividad para acosar y abusar groupies. ¿Por qué los dos géneros más populares en las últimas dos décadas están plagados de machismos? La Delio Valdez cumple diez años como banda y, aunque recién ahora acaricie el mainstream, haber sido público y ser parte de ésta época les permite discutir sus comportamientos colectivos.

De nuevo: ¿Por qué la cumbia está plagada de machismo?

No lo tiene sólo la cumbia, ni siquiera en cuanto a letras. Pero siempre tuvo un peso: vos mirás las tapas de los vinilos colombianos de los 50 o los 60 y son minas en bikini o en bolas. Hay países de América Latina donde incluso es más salvaje que en Argentina. Por decirte, el Caribe.

¿Lo discuten internamente?

Nos está atravesando. Se van dando charlas y vamos discutiendo. Llegamos a acuerdos que cambian constantemente, porque es un tiempo de mucha transformación y mucho movimiento. Con las letras hay que tener cuidado.

¿Las letras?

Con las nuestras no. Porque las trabajamos pensando en eso. Hasta en una canción sobre despecho hay ideología política. Cuidado hay que tener con las que versionamos. Cuando hacemos nuestra fiesta, trabajamos con un DJ. Y una noche salió que una letra no estaba para nada buena. Hay que poner el ojo y que no se nos cierre. Pero tampoco es sólo eso.

¿Qué más?

Otra cosa que charlamos es la relación entre músico y fan. Eso sí tiene mucho que ver con el rock. Tratar de desarticular esa situación. No significa no tener vínculo con quien te viene a ver porque, claro, es muy lindo que te digan cosas. Pero hay que vincularnos desde otro lugar. No aprovechando la emoción del rol para hacer cosas que salen de lo que nos parece.

Agustina, vos como mujer arriba del escenario, ¿sentís una mirada diferente?

No le doy mucha bola. Siempre tuve la suerte de tocar donde quise y eso te da una comodidad extra. Puedo elegir qué ponerme sin que otros me digan esto sí o esto no. Después lo externo de lo que piensen o lo que hablen va más allá.

Algunas bandas o algunos lugares para tocar han determinado un protocolo cuando aparece una denuncia por abuso contra alguna mujer. ¿Ustedes lo tienen?

Lo hemos discutido porque vemos lo que está pasando en el ambiente de la música. Lo que no hay que hacer es negar que haya pasado algo. El protocolo va a ser correr a esa persona. Por lo menos, en principio y temporalmente hasta que se aclare el panorama y la denuncia.

La década tocada

Hace unos días, Santiago le escribió a una amiga que vive en las sierras cordobesas y a la que no ve hace unos años. Ella le respondió confesándole que no podía creer que todavía siguiera en La Delio. El mismo Santiago se sorprendió: en 2019 cumplirán diez años y casi ningún integrante ha tenido una relación de pareja así de larga. Gran parte de esta supervivencia colectiva, explican, se lo deben a haber sido, desde siempre, una cooperativa: de corazón, de funcionamiento y en los papeles.

¿Por qué son una cooperativa?

Somos una cooperativa hace mucho. La elegimos como una forma de laburar porque se acomodaba a nuestros intereses: nos gusta producir nuestras fechas, tratar de controlar las variables de donde tocamos, el precio de la entrada, el valor de la bebida, las condiciones de seguridad, la gente que entra, la música que se pasa. Lo de la bailanta nos hizo dar cuenta de qué queríamos. Somos independientes y lo que más disfrutamos es eso. Eventualmente, podemos tocar en una movida municipal o en una fiesta en que nos contratan, pero nuestra raíz es producir nuestra fiesta.

¿Cómo funcionan?

Hay una asamblea general que se da cada dos meses. Este año llegamos a hacer las de mesa chica una vez por semana. Hay una obligatoria y otra más abierta para que vaya el que quiera participar. Hay chicos que se juntan toda la semana para sostener la logística del proyecto. Militamos mucho la banda. Nos preocupamos por abrir nuevas plazas para tocar. Viajamos para llegar a más lugares.

¿Qué saldo les va dejando el funcionamiento cooperativo hasta ahora?

Laburamos cada vez mejor. Cuando las cosas funcionan tienen una legitimidad distinta, más fuerte. Cuando se discute, se llega a algo consensuado. Hay algo de empatía en lo cooperativo. Tenemos una forma de trabajar que deriva en esta estructura y es muy lindo poder hacerlo así.

¿Son una cooperativa en los papeles?

Estamos terminando esos trámites. El proceso fue muy flashero. Fuimos al INAES, encontramos cooperativas de todo tipo. Fue como confirmar una forma de laburo que ya traíamos. Se la recomendamos a quien sea.

Haciendo un promedio de la economía de sus quince integrantes, ¿qué porcentaje de sus ingresos vienen de La Delio?

El 50% diría. Alguno vive de la banda, otros no. Pero no depende sólo de la guita que te entre, si no de la forma en que quieras vivir: cada uno tiene una vida diferente.

Probablemente, la mayor parte del público los escucha vía Spotify. ¿Da buenos ingresos esa plataforma?

No es un gran monto. En ese sistema, ganás algo suculento si sos Shakira y pasás una cantidad bestial de reproducciones. Está el disco físico por amor al arte, pero vivimos en una época milenial y tenemos que estar en esas aplicaciones. La plata la hacemos tocando en vivo y, por suerte, estamos explotados de agenda.

Memoria y futuro

n 2018, la Delio Valdez lanzó su tercer álbum, Sonido subtropical, el primero con todos temas propios. En 2012, sacaron el primero –que lleva el nombre de la banda- y en 2014, La rueda del cumbión.

Ivonne Guzmán y Black Rodríguez Méndez son sus dos cantantes. Pero, en el último CD, se dieron el gusto de sumar una invitada especial para la canción Santa Leona: Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo, que narra unos versos sobre una “guerrera de los humildes”.

Cumbia y Madres no parece una combinación frecuente.

Fuimos a tocar un par de veces a varias movidas de Abuelas y de Madres y ahí quedó el vínculo. Estuvimos con ellas en algunos aniversarios anteriores con presentaciones en el Centro Cultural Conti. Taty justo nos convocó también al homenaje en la iglesia Santa Cruz por las monjas y Madres desaparecidas. Esa identidad siempre estuvo en la Delio. Creemos que como músicos tenemos que estar inmersos en la realidad cotidiana.

Contradice un poco al cantante de La Beriso que pidió no mezclar a la música con la política.

Eso de no tener una ideología política es una falacia.

¿Por qué surgió ahora la idea de hacer un disco sin versiones y con letras propias?

En el primer disco, había dos temas propios, pero instrumentales. Ahora nos propusimos hacer un disco entero nuestro. En cuanto a letras, generalmente, hay una primera propuesta que viene medio madurada. No se arma en un ensayo. No es una simple melodía que se termina de ensamblar ahí. Hay que trabajarla. Somos quince. Zapar está buenísimo, pero si querés vivir de las canciones hay que organizarse.

 

Link a la Nota

La historia de La Delio Valdez, la banda de cumbia que llena teatros por afuera del circuito de la bailanta.

La historia de La Delio Valdez | Rolling Stone

Crédito: Gentileza LDV

¿Qué nos pasó?», pregunta Pablo «Oso» Broire un viernes de mayo en el camarín de La Delio Valdez en el Club Tucumán de Quilmes, donde la banda va a dar el primero de los dos shows de este fin de semana, ambos sold out. Está frente a una mesa larga con frutas, agua, café, té, gaseosas y algunas cervezas, una visión opulenta del presente del grupo. Entonces el Oso, un gigante de rulos, barba y ojos claros que toca el saxo tenor y parece un vikingo amistoso, agarra una manzana y se responde: «Diez años, nos pasaron».

A lo largo de esa década, La Delio, una orquesta de cumbia clásica pero moderna conformada por más de una docena de músicos, construyó un presente de shows agotados, giras por el interior, un premio Gardel a Mejor Álbum de Música Tropical por Sonido subtropical (2018), presencia en festivales y aumento de fans, un ascenso vertiginoso que se coronó en agosto pasado, cuando tocaron por primera vez en el Gran Rex.

El show de hoy en Quilmes está pautado para las dos de la madrugada, pero ahora, durante la prueba de sonido, unas cinco personas chequean que todo esté bien con los micrófonos e intrumentos, otras acomodan luces y ultiman detalles como el horario de apertura de puertas, la venta de merchandising, la cena de la banda. «Hay como 30 personas que forman parte del grupo, más allá de nosotros», dice el Oso, mientras le alcanzan su juego de auriculares. Esto incluye sonidistas, stages, productores, fotógrafos, filmmakers, DJ, manager, prensa y más. «Somos detallistas con algunas cosas, porque queremos que la experiencia funcione bien… para nosotros y para la gente».

«¡Salsa brava, rumba, punky!», grita Pedro Rodríguez, el timbaletero, mientras la banda toca una cumbia caribeña en la prueba. De alguna manera, está definiendo la personalidad del grupo. «Escuchamos desde Aniceto Molina hasta Lee Perry y Led Zeppelin», dice más tarde. «Muchos venimos del palo del ska y el reggae». En ese sentido, La Delio es una síntesis suburbana de cumbia folclórica con potencia de rock. Esa identidad, que emergió como un intento de reinterpretación de los clásicos colombianos, encontró su primer gen propio al meter bombo y bajo eléctrico en la banda, dos instrumentos que en el formato tradicional de orquesta no encajan. «Al principio fue tocar cumbia colombiana con vientos», dice Santiago Moldovan, clarinetista y uno de los fundadores de la banda. «Con el tiempo, el grupo adquirió oficio para agarrar una canción y hacerla propia. La contundencia de nuestro sonido se volvió una marca».

Así llegaron a Sonido subtropical, su primer disco compuesto enteramente por canciones propias, que funciona como la apertura definitiva a una sonoridad más amplia. En las once canciones del álbum -y también en el vivo- la mixtura entre potencia rítmica, espesura del swing, profundidad orquestal y melodías pop se expande en modo experimental. «Vamos, naturalmente, hacia una música más global», dice Santiago. «Pero siempre con una impronta bailable».

Link a la Nota

Salió "Sonido subtropical", primer disco completo de canciones propias de La Delio Valdez. Con cuatro álbumes y alta perseverancia para ir a tocar a todos lados con buena onda, el combo ahora explota en convocatoria.

La estrategia de las hormigas

La Delio Valdez junta en la misma pista de baile a adeptos al reggae, el ska, el rocanrol y la música latina. 

Imagen: Cecilia Salas

Un feliz ajuste de cuentas, una devolución de gentilezas, el pago de una deuda eterna con la tradición cumbiera de América latina. Después de grabar tres discos que homenajearon a los mejores intérpretes del género en el continente, La Delio Valdez está presentando Sonido subtropical, su primer álbum de canciones propias en casi una década de carrera. Vienen de tocarlo a sala llena en el Teatro Vorterix, en un show que demostró el poder de convocatoria que tiene la cumbia (o al menos la que hacen ellos) en el circuito under porteño. Y salen de gira este mes para mostrarlo en el interior del país, desde Salta y Tucumán hasta Córdoba y Bariloche, donde son todavía más masivos.

“Si bien en los tres discos anteriores había un porcentaje de canciones compuestas por nosotros, la mayoría eran clásicos colombianos versionados muy a nuestro estilo. En Sonido subtropical los once temas son nuestros”, explica Santiago Moldovan, clarinetista y uno de los creadores del grupo, que siempre tuvo una propuesta vinculada al baile y la fiesta popular. De hecho, organizan desde hace años sus ya clásicos “cumbiones”, festicholas totalmente autogestionadas –con entrada y bebida a precios amigables– que de a poco se fueron llenando de cumbieros de ley, curiosos con ganas de mover el esqueleto y huérfanos del rock que se hartaron del olor a chivo del pogo.

 

Éste es, quizás, uno de los grandes méritos de la banda: haber juntado en una misma pista de baile a fanas del reggae, el ska, el rocanrol y la música latina. “Es un proceso que ya no es nuevo: el rock perdió mucha representatividad a nivel popular. Y en los últimos años la gente empezó a mirar hacia adentro y a valorar ritmos más autóctonos; si bien la cumbia es de raíz colombiana, en Argentina es como el folklore, como la chacarera”, avanza Moldovan. “Hace rato teníamos esa sensación de deuda pendiente de encontrar nuestro lugar en la cumbia. Somos argentinos y abrevamos de todas las influencias del género, lo colombiano, lo peruano, pero lo que sentimos en este disco es que por primera vez se escuchan la voz y el sonido de La Delio”, asegura el clarinetista.

Más que banda, ésta es una gran orquesta que ensambla trompetas, trombones, saxos, clarinete, sección rítmica, bajo y guitarra. Cantan la virtuosa Ivonne Guzmán, que también desarrolló una interesante carrera solista post Bandana, y el carismático Black Rodríguez Méndez, junto a invitados permanentes como la cantautora peruana Tilas Llerena, y convidados eventuales. En este último trabajo sumaron al Chango Spasiuk, Los Gaiteros de San Jacinto y Taty Almeida, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, que recita en Santa Leona.

El grupo tiene cuatro discos editados (el epónimo de 2011; La rueda del cumbión, de 2014; Calentando la máquina, de 2017; y ahora Sonido subtropical) y está organizado en forma de cooperativa, priorizando la producción integral de sus propias movidas, sean shows, giras, fiestas. El trabajo que hicieron fue realmente de hormiga, porque de a poco coparon distintas zonas de la ciudad, el conurbano y varias provincias. Y si hace unos años viajaban en tren con los equipos al hombro para tocar en La Plata en un sótano para 40 personas, hoy tienen allá un público estable que no baja de las mil personas. “Hicimos un laburo zonal y le pusimos mucha onda a ir a todos lados”, celebra Moldovan.

Link a la nota

La Delio Valdez: Una oda a la cumbia latinoamericana en su álbum «Sonido Subtropical»

En su Cumbión, esta orquesta hace bullir la sangre mediante las cumbias más bailadas de América.

Desde hace casi una década, La Delio Valdez viene rescatando el legado sonoro de toda una región con su incursión en la cumbia con un enfoque bastante tradicional que, no obstante, también incluye elementos actuales. Así las cosas, la agrupación fundada en Buenos Aires busca rescatar el formato típico de las orquestas colombianas de antaño.

En todo caso, sus canciones dan cuenta de una fusión de la diversas versiones del género cumbiero en toda América Latina, y en sus compases es también posible encontrar influencias provenientes de Perú y México, por ejemplo, así como coqueteos con otros ritmos como el reggae y la salsa.

Después de haber debutado con un contundente disco homónimo en 2012, los citados músicos presentaron el álbum La Rueda del Cumbión en 2014 y el EP Calentando la máquina en 2017. Ahora esta agrupación nos entrega Sonido Subtropical, el trabajo con más madurez de su celebrada trayectoria. Dicha placa cuenta además con la colaboración estelar de integrantes de Los Gaiteros de San Jacinto y el Chango Spasiuk en algunos de sus temas. De igual modo, participa Taty Almeida, una de las fundadoras de Madres de la Plaza de Mayo, recitando en la canción «Santa Leona».

Link a la nota